2. Buenos Amigos, Volumen 1
Esta es la historia de un famoso futbolista que, por obvias razones, no me dejó revelar su nombre, pero sí contar su historia.
Paulo jugaba para un popular equipo de Lima, era un chico extrovertido, jugaba de delantero y tenía la suerte de que en el mismo equipo jugaba Miguel, uno de sus mejores amigos desde la infancia. Al contrario de Paulo, Miguel era un chico mas reservado. Ellos habían ido al mismo colegio, eran vecinos, se habían juergueado en las mismas fiestas, habían pasado juntos cosas buenas y malas y los dos jugaban muy bien fútbol. Todo lo habían hecho juntos, pero Paulo siempre sobresalió más Miguel en todo sentido: en el fútbol, con las mujeres, en los estudios, en casi todo. Paulo siempre ganaba, por poquito, pero siempre ganaba. Esto jamás generó tensión entre ellos, pero comenzaron los problemas cuando fueron fichados por el mismo equipo.
Los dos jugaban en la misma posición, de delanteros. Cuando eran chicos esto no causaba ningún problema, porque los profesores, al ver que estos dos chicos destacaban del resto, los hacían jugar juntos. En equipos grandes Paulo era el que jugaba de titular y Miguel estaba en la banca o jugaba en las reservas, por ahí tenía un poco de suerte y alternaba algunos minutos en el equipo titular, lo que le generaba un poco de envidia a Miguel.
Miguel tenía una hermana preciosa, ella se llamaba Silvana, estaba en el segundo ciclo de administración de empresas en la Universidad de Lima. No era una alumna brillante, pero se mantenía, casi nunca jalaba un curso y aparte físicamente era muy atractiva, tenía unos ojos azules que dejaba tonto a más de uno y un cuerpo muy trabajado en el gimnasio. Paulo siempre se había sentido atraído hacia a ella, pero era incapaz de acercarse por respeto a su amigo. Es más, él no le hablaba, mas allá de un hola o un chau a pesar de todos los años que la conocía por miedo a que en algún momento pudiera pasar algo con ella. Silvana tenía una relación sentimental con Jose. Él era amigo de Miguel y de Paulo, un estudiante muy por encima del promedio, becado en la facultad de medicina en la universidad San Marcos y venía de una familia acomodada, era una persona prepotente y todo lo arreglaba con dinero, pero físicamente era una desgracia, pongámoslo así, todo lo que tenia de cerebro y plata, le faltaba de cara, cuerpo, facha, etc. Y por esta razón Paulo fastidiaba mucho a Miguel.
- Oe man, ¿No te jode que tu hermanita este con Jose? ¡Tus sobrinos van a ser todos chuecos y deformes! - Paulo ironizaba.
- No sé, es problema de ella - contestaba Miguel, se notaba que no le hacía gracia la broma.
- Pero brother, relajado, igual si salen feos, no pasa nada, Jose tiene mucha plata así que una cirugía plástica y listo, arregladitos. Jaja.
- Oe, ya no jodas huevón y vamos a entrenar.
- Jaja dale man, vamos.
Miguel jamás le hizo problemas a Silvana por estar con uno de sus amigos. Por más que no le gustaba la idea, nunca se metió ni nunca hablo mal de de Jose, aunque sabía que no era ningún santo.
Era la fecha número 14 del torneo, Paulo era el goleador del campeonato con 16 goles y un defensor mala leche del otro equipo lo lesionó en el partido. Entró Miguel en su lugar a reemplazarlo. Paulo sintió que tenía una lesión grave, y sus miedos se confirmaron cuando el médico le dijo que tenía que dejar de jugar por un mes. Lo tomó con calma, a pesar que no le gustaba la idea de dejar el equipo titular y andar en muletas, lo enyesaron y se fue a su casa. El equipo viajaba a la mañana siguiente a Arequipa a jugar con el Melgar, y Miguel iba a ser titular y no podía ocultar su felicidad, era la oportunidad que tanto había esperado. Una vez en el avión se le ocurrió llamar a Silvana y pedirle que le compre un whisky a Paulo para que se sienta mejor.
- Aló, ¿Silvana? Un favor, cómprale un Johnny Walker, Black Label a Paulo, que se lesionó - dijo Miguel con prisa porque el avión estaba por despegar
- Pero Miguel, no conozco tanto a Paulo, además tengo que dejar a Jose en el aeropuerto porque se está yendo a Santiago.
- ¡No jodas Silvana! Deja a Jose en el aeropuerto, después vas a Wong, le compras el whisky y se lo dejas a Paulo de parte mía - insistió Miguel
- Pero Miguel…
- Pero nada, te cuelgo porque tengo que apagar el teléfono, chau Silvanita, ¡Cuídate!
Silvana sabía que era importante para su hermano. Dejó a su enamorado en el aeropuerto a las siete de la noche, se fue a Wong, compró el whisky y se dirigió hacia el departamento de Paulo. En el camino, se sintió algo rara, ya que en secreto le atraía mucho Paulo. Lo que le daba rabia era que todos los amigos de su hermano morían por ella, en cambio Paulo, era el único que ni la miraba, y ella no entendía por qué. Silvana llegó al departamento, tocó el timbre y Paulo le contestó.
- ¿Hola?
- Paulo, soy Silvana, la hermana de Miguel, mi hermano me dejó una cosa para ti.
- Dale Silvana, pasa, te dejo la puerta abierta porque no puedo estar caminando mucho.
Silvana subió y encontró la puerta abierta, pasó y encontró a Paulo tirado en el sillón viendo tele. Cuando entró Silvana, él se quedo tonto de lo linda que estaba, ella lo saludó y dejó la bolsa con las cosas en la mesa.
- Bueno Paulito, ya cumplí con mi hermano y… - antes que terminara de hablar Paulo la interrumpe -
- A ver que me mandó este desgraciado... Booo, ¡un Black Label, qué rico!, gracias Silvana - Paulo se levanta y le da un abrazo.
- Qué bueno que te gustó - dijo Silvana, un poco ruborizada por el abrazo -
- Bueno Paulo, ya me voy, ¡Te dejo con tu whisky!
Paulo se sorprendió, y le dijo - ¿Me vas a dejar con un Black Label solo? ¿Tan alcohólico me crees? ¿Sabes que soy un deportista profesional no? - ironizó Paulo
- Ah, ¿Quieres que me quede? - dijo coquetamente Silvana
- Ya pues qué importa, a nada...
- ¡Ah, no! ¡Así no me quedo!- dijo molesta Silvana
- Jaja, te estoy bromeando sonsa, quédate por favor, dame ese honor de tener tu compañía. – dijo Paulo de forma muy caballerosa.
- Ya, bueno, me quedo - contestó Silvana con una sonrisa
Y se quedó. Copas van, copas vienen, como los temas también. Temas van y temas vienen. Comenzaron hablando de lo poco que se conocían a pesar de los muchos años de amistad entre Paulo y su hermano, después hablaron de las carreras profesionales de cada uno, y prendieron la radio, se pusieron a bailar a pesar de la lesión de Paulo. Cuando se dieron cuenta de la lesión, se sentaron de nuevo, Paulo quiso demostrar que no le dolía, que era un macho alfa, pero hizo un papelón. A la mitad del whisky comenzaron los halagos: "qué lindo eres", "la paso tan bien contigo", "eres muy bonita", "tienes una sonrisa perfecta"… Los dos se estaban dando cuenta del ambiente que se formaba, pero ninguno quiso parar. Eran ya las cuatro de la mañana y para Paulo era un logro ver su reloj porque estaba muy mareado. En un esfuerzo sobre humano logra decir.
- Silvanita, mira la hora que es, ¡Ni me di cuenta!
- ¡Fuck! yo tampoco, pero la estoy pasando mostro
- Si yo también, ¿qué tal Johnny Walker eh? jaja - dijo Paulo notoriamente mareado
- ¡Sí, buenazo!
- Pero no quiero obligarte a que te quedes -dijo Paulo rogando en su cabeza por que se quede.
- No, nada que ver, yo me quedo porque quiero, es más quiero ver el sol contigo, jeje
- Jaja, ¡Dale, nos quedamos hasta ver el sol!
El sol… ¿Este par a quién quería engañar?, solo querían estar juntos y lo último que pretendían era ver el sol, les quedaba sólo medio vaso a cada uno, se miraron a los ojos y hubo un silencio... En la radio empezó a sonar la canción "You and Me - Lifehouse". Y pasó lo que siempre tiene que pasar cuando hay un silencio después de una botella de whisky y pasan una canción romántica en la radio: Paulo y Silvana empezaron a besarse desesperadamente, como si hubieran estado esperando esto hace años, había una pasión en los besos que ninguno de los dos había sentido antes, parecía que acababan de salir de prisión. Luego de se abrazaron y se quedaron dormidos, lógicamente no vieron el sol.
A la mañana siguiente se dieron cuenta que estaban jodidos, que Silvana tenía enamorado y que Miguel, su hermano, era uno de los mejores amigos de Paulo.
Continuará…
Fin del volumen 1
lunes, 12 de abril de 2010
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